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"Nunca pensé encontrarme con el abogado
del Diablo!"
Carlos Scolari
Publicado originalmente en el Interlink
Headline News
La cosa pasó así, de improviso. Paso a relatar
los hechos: cada dos años se organiza en Barcelona Kosmópolis,
un evento con muestras y conferencias dedicado al mundo de la literatura.
Hace dos años Borges (la ciudad de Borges) fue uno
de sus protagonistas. Este año, además de una muestra de
fotografías, cartas y fotos de Julio Cortázar, Kosmópolis
incluye una exposición sobre el hipertexto y una conferencia de
Ted Nelson. Allá vamos, a la sede de Kosmópolis en el Centro
Cultural de Barcelona, a la vuelta del MACBA, en pleno Raval.
Qué decir de Ted Nelson? Que a mediados de los 60, siguiendo
las huellas del Memex de Vannevar Bush, imaginó una red infinita
de documentos que bautizó como hipertexto? Que ha sido
uno de las mentes más inquietas del mundo digital? Mientras todos
caían rendidos de frente a la interfaz gráfica y los programadores
nos llenaban el escritorio virtual con iconos, post-its y demás
cositos para alimentar la metáfora del desktop, Ted
Nelson criticaba la ideología de la metáfora
y, por si quedaban dudas, remataba: el business de la metáfora
ha ido demasiado lejos. Y cuando todos saludaban con beneplácito
la llegada de un formato casi universal para transferir documentos el
Acrobat de la empresa Adobe-, Ted Nelson salía a criticar un sistema
conceptualmente anclado en el texto impreso y no secuencial.
Nelson, un abogado del Diablo que nunca se cansó de repartir palos
a los que anteponen la tecnología al hombre, abrió su conferencia
en Kosmópolis con una referencia a Orwell y la guerra civil. Minutos
después empezó a descargar su munición pesada. Además
de los tópicos que antes mencionamos, que Nelson recorrió
puntualmente, el inefable apóstol de la hipertextualidad desnudó
la marca de fábrica de la metáfora del escritorio de una
manera que nunca habíamos imaginado: por qué el desktop,
a pesar de significar un paso adelante en las formas de interacción,
siguió estructurando la información de manera jerárquica?
Por qué esos informáticos del Xerox PARC, a mediados de
los 70, no diseñaron estructuras más flexibles para
organizar la información? Por qué hicieron oídos
sordos de una tradición que iba de Vannevar Bush a Ted Nelson,
pasando por los prototipos de hipertexto de Douglas Engelbart? Por qué
tanto énfasis en construir sistemas WYSIWYG (What You See Is What
You Get)?
La respuesta es simple: porque el negocio de Xerox era el papel impreso.
La ideología profesional de la mayor parte de los investigadores
del Xerox PARC que después pasarían a trabajar en
Apple, Adobe o Atari- estaba centrada en el soporte material del texto
y no en su estructura hipertextual. Lo importante era que las nuevas máquinas
digitales pudieran representar fielmente el papel en sus pantallas (What
You See ...) y que las manipulaciones del usuario en el texto salieran
de las impresoras tal cual (... Is What You Get). La idea pasó
de Xerox a Apple, quién la difundió exitosamente en el mercado
en 1984 con el primer Macintosh. Según Nelson los actuales sistemas
fueron evolucionando a partir de esta concepción original basada
en el texto secuencial e impreso. Para Nelson y aquí deja
de ser apóstol para convertirse en fundamentalista-
la interfaz gráfica, los iconos y las ventanitas son puro packaging,
lo importante es la estructura que está detrás, o sea, la
organización del texto que dialoga con nuestras asociaciones
mentales.
Algunos han creído ver en las ideas de Nelson un adelanto de la
World Wide Web. Nada que ver: Nelson dispara también contra el
invento de Tim Berners-Lee, un sistema poco flexible que se basa en páginas
organizadas en estructuras jerárquicas. También desconfía
de la web semántica y otros inventos de moda. Después
de la conferencia queda flotando una idea: el desafío de Vannevar
Bush -construir una máquina que extienda las facultades asociativas
de la mente- sigue pendiente. El sistema diseñado por Nelson en
lo 60 el mítico Xanadú- nunca fue totalmente
desarrollado (la historia de sus sucesivas versiones daría para
una novela); actualmente Nelson está desarrollando algunos prototipos
mucho más flexibles para organizar la información.
Una vez concluida la conferencia, nos acercamos con Mon y Alex para intercambiar
algunas palabras con Nelson. La charla derivó en café con
el matrimonio Nelson (mientras el apóstol nos mostraba algunos
prototipos en su portátil) y terminó degenerando en una
suculenta cena en Les 7 portes. Como buen programador, Alex
procesaba información a mil tratando de traducir en líneas
de código las reticulares ideas de Nelson. El dialéctico
Mon dio rienda suelta a sus elucubraciones discursivas donde Rorty se
mezclaba con Peirce, la semiosis ilimitada y el vino blanco. Yo me acoplé
a la payada con algunos versos de inspiración semiótica
y algunas anécdotas sobre la Eco-logía semio-hipertextual
italiana. Nelson preguntaba, volvía a la carga con sus apasionadas
ideas, tomaba notas en su libretita, cambiaba cada tanto el cassette (tiene
un micrófono en la solapa y graba TODO lo que pasa a su alrededor)
y hacía panorámicas de la escalivada con su cámara
de vídeo.
El Apóstol de la Hipertextualidad (o abogado del Diablo en el Paraíso
Digital) se pierde con su esposa en la noche de Barcelona, en un taxi
rumbo al hotel. Mañana partirá rumbo a Oxford, donde se
desempeña como Fellow en el Oxford Internet Institute. Nosotros,
santos inocentes, nos volvemos a Vic rumiando las ideas de Nelson durante
68 kilómetros. Próxima parada: la conferencia de Howard
Rheingold en la Universitat de Vic, el viernes 29 de octubre, durante
la eWeek Setmana Digital a Vic.
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