modern clicks - diseño y saberes de las interacciones digitales por carlos scolari
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huellas en el mar - polonia 2003
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EL COMUNICADOR QUE LLEGÓ AL FRÍO (NUESTRO HOMBRE EN POLONIA)
Carlos Scolari
Publicado originalmente en el Interlink Headline News

Cuando me lo propusieron no lo pensé dos veces: visitar Rzeszow, una pequeña universidad en el sur de Polonia, a poco kilómetros de la frontera con Ucrania y Eslovaquia, era una oportunidad de "ahora o nunca". Llegué a Varsovia un domingo por la noche después de un vuelo de tres horas sobre una Europa cubierta por nubes, como preanunciando la semana que marcaría el fracaso de la nueva constitución. Temperatura patagónica, viento y llovizna. Desde el taxi vislumbro algunas torres de acero y cristal en la afueras, pero el hotel era un pretencioso masacote de cemento de la edad soviética en pleno centro de esta metrópoli con tres millones de habitantes. Esa noche me quedo en el hotel: quiero terminar de leer la angustiosa "Crónica del gueto de Varsovia" de Emanuel Ringelblum antes de salir a caminar por Varsovia.

¿Es posible decir algo de una ciudad después de recorrerla durante un día? Trataremos … Varsovia no es una sino tres ciudades. El centro histórico –declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO- es un típico pueblo de planta medieval, laberíntico, con hermosos edificios que van del renacimiento al barroco. Allí se encuentran buenos restaurantes y no menos interesantes museos que lamentablemente no puedo visitar porque es lunes. Pero a no confundirse: toda esta hermosa arquitectura es falsa. Las postales que venden en la plaza principal –con fotos del "antes" y "después"- nos recuerdan la historia: toda la ciudad, no sólo su casco antiguo, tuvo que ser reconstruida después de que los alemanes la arrasaran al suelo durante su retirada en 1945.

Pobre Varsovia, pobre Polonia! Arrasada y violada por la Werchmart, fue reconstruida por los arquitectos stalinistas amantes del hormigón!! Y así llegamos a la segunda ciudad: saliendo del casco antiguo, el resto de Varsovia es una gris ciudad soviética, con amplias avenidas, parques, monumentos a soldados desconocidos y regulares bloques de cemento. El ejemplo máximo de esta arquitectura es el horrible ministerio de cultura que domina la ciudad. Desde hace unos años los habitantes de Varsovia discuten si demoler, transformar o dejar tal cual este espantoso regalo de Josef Stalin al glorioso pueblo polaco.

Hablando de monumentos, durante 45 años las autoridades comunistas se negaron a levantar uno que recordara a las casi 200.000 víctimas del levantamiento popular en 1944 (no confundir con el levantamiento del gueto de Varsovia un año antes): mientras los habitantes de Varsovia combatían casa por casa a los invasores, el Ejército Rojo miraba sin intervenir desde la otra costa del Vístula. Mejor dejar que polacos y alemanes se mataran mutuamente y conquistar una ciudad vacía y bañada de sangre. Como les decía, el monumento al levantamiento de Varsovia recién se pudo construir después de la caida del Muro, cuando los polacos comenzaron de a poco a reapropiarse de su país y de su historia. Una ciudad, tres ciudades: la Varsovia europea del casco antiguo, la Varsovia soviética del cemento, la Varsovia capitalista con sus torres de acero y cristal de la periferia y algunos McDonalds del centro. Todo junto da como resultado una ciudad posmoderna.

Pero ya llegó la hora de tomar el avión a Rzeszow. Una horita de vuelo con hélices y llegaré al confín de Polonia. El clima se emperra en no cambiar: cuando bajo por la escalerita me esperan el viento, la lluvia y temperaturas dignas de Río Gallegos. Me encuentro con mis simpáticos anfitriones de la Universidad de Tecnología de la Información y Comunicación. Finalmente -después de unos minutos en coche- llego a Rzeszow, una ciudad de 120 mil habitantes, a una hora de Cracovia, tierra de santos e inocentes. Me espera una semana de actividades, desde una charla para presentar la Universitat de Vic hasta un workshop sobre diseño interactivo, pasando por una open lecture sobre nuevas tendencias en el diseño digital.

¿Qué se puede esperar de una Universidad en el confín de Polonia, perdida en el mapa y lejos del centro neurálgico el país? Mucho. Por ejemplo aulas con cientos de ordenadores de última generación conectados a Internet. O un sistema informático para gestionar miles de alumnos (sólo 5 empleados administrativos para atender a 9000 alumnos!). Otra sorpresa: como todas las universidades polacas la Universidad de Tecnología de la Información y Comunicación de Rzeszow funciona de lunes a lunes –cerca de 3000 alumnos que trabajan de lunes a viernes cursan sus estudios durante los fines de semana-. Es una universidad privada y no recibe ningún tipo de apoyo estatal.
El nivel de los estudiantes que participan en el workshop es muy bueno, se defienden perfectamente con el inglés y conocen Photoshop, Flash y Dreamweaver. Si bien no han visto durante sus carreras muchos contenidos dedicados a la cultura del diseño interactivo –hay estudiantes de economía, periodismo y tecnología de la información-, los proyectos que desarrollan y los prototipos que construyen a lo largo de estos tres días son realmente buenos.

Cerca de un centenar de alumnos viene a la presentación de la Universitat de Vic: les interesa ver qué onda tira Cataluña, qué posibilidades hay de visitar el país con el programa de intercambio Erasmus y cómo se pueden articular sus estudios con las asignaturas que allí ofrecemos. La misma atención la volveré a encontrar en la charla sobre las nuevas tendencias en el campo del Diseño Digital: ¿cómo no engancharse con los videos de las instalaciones de Studio Azzurro? ¿O los experimentos de Mark Billinghurst sobre augmented reality? Todo lo que está pasando en este campo es fascinante: basta cerrar por unos minutos la Biblia de la usabilidad, hacer oidos sordos a sus profetas y mirar hacia el costado, donde está surgiendo un nuevo mundo de interacciones donde lo importante no es la rapidez sino la experiencia.

Entre una otra actividad y otra un mediodía me escapo al centro: Rzeszow es una ciudad pujante, con un casco histórico muy bonito y plagado de negocios y restaurantes. Durante un par de noches me afinco en el Sphinx, un local con comida oriental más que interesante. La comida polaca también trae lo suyo: estas cenas invernales se abren con unas contundentes sopas y sigue con buenos platos de carne y verdura. Los dulces no se quedan atrás.
La vida comercial de Rzeszow asombra: el capitalismo que se expandió por Polonia en los últimos diez años le cambió la cara al país (y obviamente dejó unos cuantos heridos por el camino). Mc Donalds y desocupación, free shops y mineros en huelga, coches occidentales y corruptelas administrativas de origen soviético … Mis colegas polacos me cuentan que la región sur de Polonia sufre una alta desocupación (25-30%), especialmente por el cierre de muchas minas anteriormente subvencionadas por el estado. La ayuda pública a los desocupados es mínima y la gente se arregla como puede (quintas, changas, carbón en vez de gas natural, etc.). Algunas empresas internacionales –como Goodyear- han comprado fábricas en la región y están reactivando el tejido industrial; lo mismo sucede con una empresa que produce turbinas para aviones.

Pero volvamos a las cuestiones académicas. La experiencia de la Universidad de Tecnología de la Información y Comunicación de Rzeszow demuestra una vez más que las mejores cosas en campo digital no pasan necesariamente por las grandes universidades europeas. Estos grandes dinosaurios, con miles de alumnos, programas anquilosados y poderosos departamentos que defienden sus respectivas quintas, no pueden seguirle el paso a la realidad digital. Los mejores lugares para estudiar comunicación digital son las pequeñas universidades que están surgiendo en los lugares menos evidentes, como la fabulosa esperiencia de Beira Interior en Portugal –que pienso visitar en el 2004- o Hyperwerk en Basilea. ¿Podremos algún dia armar una network con todas estas escuelas y experiencias de formación? En Beira Interior han creado un laboratorio de multimedios donde confluyen comunicadores, informáticos y filósofos. En Hyperwerk se aprende a diseñar … diseñando: se trata de una escuela sin aulas, donde los alumnos trabajan en proyectos digitales concretos (cd-rom, instalaciones, etc.). En la Universitat de Vic –aquí va el spot- le estamos dando una impronta digital a las tres carreras de comunicación (Periodismo, Publicidad y Comunicación Audiovisual).
Me queda un día de permanencia en Polonia y la historia vuelve a llamar a la puerta. Hoy es sábado. Obviamente hace frío, y después de un poco de sol vuelven la lluvia y el viento. Llegamos a Auschwitz a mediodía, después de dos horas de rutas polacas hasta el fin.

Crecí entre libros de la segunda guerra mundial –mi padre es un fanático de los aviones-. Mi amor por el comic me llevó a estudiar el "Maus" de Art Spiegelman y durante mis años en Italia me topé con la obra de Primo Levi, el más famoso "sopravvissuto" de los campos de concentración. Sus libros "Se questo è un uomo", "La tregua" y "I sommersi e i salvati" son un crudo testimonio del período más negro del siglo XX. Apenas termino la "Crónica del gueto de Varsovia" de Ringelblum me sumerjo por segunda vez en las tinieblas de "Se questo è un uomo" de Levi. Pero los libros, por más que la prosa seca y simple de Levi nos conmueva a cada página, apenas alcanzan a transmitir la tragedia del lager.
Auschwitz no era un campo sino tres. Auschwitz I era una vieja cárcel–formada por barracas de ladrillo- convertida primero en campo de concentración para judíos y prisioneros políticos polacos y posteriormente en campo de exterminio: fue allí donde se puso a prueba la terrible fórmula Zyclon B + crematorios. Auschwitz II –mejor conocido como Birkenau- fue el gran campo de exterminio construido a 3 km del anterior. Fue en este lugar donde una perfecta maquinaria de eliminación funcionó a pleno régimen durante varios años. Auschwitz III era un campo menor -construido al lado de una industria química- del cual ya no quedan restos. Ahí vivió su experiencia Primo Levi.

Auschwitz I contiene hoy el museo del holocausto: en cada barraca se describe la vida en el campo y la aniquilación del pueblo judío. También se pueden visitar las cárceles con sus salas de tortura (el "bloque de la muerte") y los crematorios reconstruidos despues de la guerra. La exhibición de una mínima parte del material robado a los prisioneros –miles de valijas, lentes, zapatos, etc.- dan una idea de los alcances de esta maquinaria de exterminio. Los documentos de la burocracia alemana brindan una dimensión del carácter "industrial" que poseía el dispositivo de eliminación.

Birkenau ocupa 175 hectáreas: originalmente contenía más de 300 barracas, la mayor parte de ellas de madera. El campo fue construido tomando en cuenta la experiencia acumulada en Auschwitz I en técnicas de eliminación de masas. La vías todavía hoy entran hasta el centro del campo: miles de judíos –y no sólo- descendían de los trenes provenientes de media Europa. Ahí, al pie del vagón, un breve gesto del oficial de turno indicaba hacia la derecha (crematorios) o la izquierda (las barracas donde el promedio de vida no superaba los tres meses). Caminar por los restos de esta maquinaria infernal en pleno diciembre, con temperaturas patagónicas, viento y lluvia, nos acerca un poco a la vida en esas miserables barracas, con un plato de sopa al día y trabajos forzados hasta la hora del viaje final. En 1944 sobrevivían en Birkenau unas 100.000 personas.

Al fondo de las vías se encuentra el monumento a las víctimas del campo y los restos de los crematorios que las tropas alemanas dinamitaron al abandonar el campo en 1945. Al acercarse la Armada Roja los alemanes desmontaron la mayor parte de las barracas de madera: hoy sólo quedan en pie aquellas construidas con ladrillos (unas 60) y veinte de madera. Del resto del campo sólo quedan en pie las chimeneas de las barracas. Desde la torre central del campo la vista de los restos de estas chimeneas –eternamente apagadas para ahorrar combustible- se pierde en el horizonte. Al lado de Birkenau los alemanes tenían planificado construir otro campo similar que duplicara su capacidad.
Vuelta silenciosa a Rzeszow, ya de noche. Y a la mañana temprano, vuelo a Barcelona via Varsovia, con la valija cargada con nuevas amistades, proyectos conjuntos con la gente de Rzeszow y la sensación de haber visitado un país donde la historia del siglo XX no ha dado tregua.