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huellas en el mar - Tampere 2005
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De la revolución industrial a los teléfonos móviles. Tampere y el aura de Nokia.
Carlos Scolari

Como ya comenté en otras ocasiones (por ejemplo durante mi visita a la Universidad de Teesside), el programa Erasmus está haciendo mucho por mezclar las cartas en una Europa que a veces se resiste a unificarse. Intercambiar estudiantes y profesores (objetivo de Erasmus), encarar proyectos de investigación multinacionales o simplemente compartir experiencias educativas o descubrir nuevas gastronomías son todas actividades que nos permiten hacer emerges redes sociales de conocimiento que se saben donde comienza pero nunca cómo terminan.

Esta vez me le tocó el turno a Finlandia. Nada de charlas ni seminarios: una visita diplomática -junto a Mercé Prat, la responsable de Relaciones Internacionales de nuestra facultad- para conocer las infraestructuras y proyectos en el área de comunicación de la Universidad Politécnica de Tampere, la Universidad de Tampere y la Universidad Politécnica de Hame (sede Valkeakoski).

Helsinki nos recibió el primer sábado de junio con lluvia. La ciudad, si la comparamos con Estocolmo -con la cual comparte, además del clima y latitud, una impronta portuaria-, no es tan imponente. Si Estocolmo fue capital de un gran imperio, lo cual queda evidenciado en sus palacios, Helsinki es una ciudad más austera, menos imperial y con algún guiño a las arquitectura popular soviética (que ya habíamos encontrado en Varsovia). Al día siguiente, de frente al sombrío panorama, nos tomamos un barco y en noventa minutos llegamos a Tallin, la capital de Estonia (ver foto izquierda). Fue una de las sorpresas del viaje: Tallin tiene un centro histórico recientemente restaurado y vive un momento de gran expansión comercial y turística. Los cruceros hacen escala en esta ciudad para visitar el núcleo histórico y pasarse un rato en alguno de sus múltiples restaurantes, chocolaterias o negocios para turistas.

De Helsinki a Tampere el paisaje es tan hermoso como repetitivo: lagos, bosques, lagos, bosques … Tampere es una ciudad nacida al calor de la revolución industrial: la diferencia de nivel entre los dos lagos que rodean la ciudad fueron una tentación demasiado grande para no generar energía eléctrica. Tampere fue el primer centro urbano europeo con luz eléctrica! A esta movida se sumaron las fábricas de papel, las empresas textiles como Finlayson, etc. Respecto a la realidad actual de Tampere, basta decir que unos pocos kilómetros se encuentra un pequeño pueblito llamado Nokia …

En pocas palabras: Tampere (ver foto derecha) posee cuatro universidades, todas ellas públicas, con un financiamiento envidiable y condiciones para la investigación y la enseñanza casi impensables en cualquier otro país europeo. Por algo Finlandia aparece en primer lugar en los estudios de rendimiento escolar y desarrollo científico.

En el campo específico de los estudios de comunicación, las instalaciones de la escuela de "Media" de la Universidad Politécnica de Tampere se construyeron dentro del viejo establecimiento Finlayson. En esa vieja nave industrial nos encontramos con la última tecnología digital, un ambiente poco formal -lo cual favorece notablemente la interacción entre alumnos, profesores y empresas- y, dato interesante, una alucinante convivencia entre los estudios de "Media" y de "Fine Arts". O sea, en el mismo edificio se mezclan profesores y estudiantes de televisión, pintura, medios interactivos, escultura, diseño gráfico, arte ambiental, etc. La alquimia funciona, basta dar una ojeada a las producciones de estos chicos.

En Finlandia la gente es muy hospitalaria, la gastronomía es variada (carne de reno, quesos, pescados) y Tampere es una ciudad ideal para recluirse unos meses para investigar, trabajar en algún proyecto piola o dedicarse a la enseñanza. Está en el centro del terremoto "mobile", la sinergia entre estas universidades y el tejido tecnoindustrial es fuertísima -casi todos los egresados consiguen trabajo en poco tiempo- y la ciudad en sí es una joyita en medio de los lagos y el bosque. Habrá que volver.